HISTORIA

Historia del vermicompostaje:

Ya en el Antiguo Egipto se consideraba a la lombriz un animal enormemente valioso, llegaba a tal extremo que existían penas muy rigurosas incluso la de muerte para quien intentare exportar fuera del reino una sola lombriz. La fertilidad del valle del Nilo, se debe en su mayor parte, al incansable trabajo de las lombrices. (Ferruzzi, 2007: 46)

Aristóteles las definió como “los intestinos de la tierra”. Los primeros estudios profundos del tema fueron dirigidos por Darwin en 1837 publicando en 1881 la obra La formación del mantillo vegetal por la acción de las lombrices, con observaciones sobre sus hábitos, lo que marcó el inicio de una serie de investigaciones que hoy han transformado el vermicompostaje en una actividad zootécnica muy importante que permite mejorar la producción agrícola.

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Del caos (Chaos) surge una lombriz que va “evolucionando” alrededor de un gran reloj (time’s meter) hasta convertirse en un caballero que saluda a un Darwin grecorromano apoteósico. Como leyenda: “Man is but a worm“, “el hombre no es más que un gusano”.

La primera referencia de los beneficios del vermicompostaje fue aportada en los años 30 por el monje benedictino Augustus Hessing, cuando utilizaba lombrices para eliminar los residuos del monasterio. A mediados de los 40 se comenzó en Estados Unidos la cría intensiva de lombrices con el fin de obtener vermicompost. Sin embargo el conocimiento científico de los procesos de vermicompostaje se inicio en los años 70 en Estados Unidos por los profesores Clive A. Edwards, E. Neuhauser y R. Hartenstein, que sentaron las bases científicas y técnicas de desarrollo de estos sistemas. (Nogales et al, 2008: 189).

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